Floris Generica - Eduardo Catalano                               Buenos Aires, Argentina


  
La función mitopoiética de la familia: Mito, fantasma, delirio y su génesis
André Ruffiot

En 1953, Antonio J. Ferreyra, para dar cuenta de los disfuncionamientos de ciertos grupos familiares introdujo el concepto de mito. El mito familiar según este autor presenta las siguientes particularidades:

  • Es un sistema de creencias  que concierne a los miembros de la familia, sus roles y sus atribuciones en sus transacciones recíprocas.
  • Se trata de “convicciones compartidas” por el conjunto del grupo familiar y “aceptadas a priori” a pesar de su característica de irrealidad, como una cosa sagrada y tabú que evitaremos examinar, menos aún de desafiar.
  • Si un miembro reconoce el carácter falso e ilusorio de esta imagen de la familia, este reconocimiento  deberá estar guardado para si mismo, mantenido oculto.
  • Esta representación común, unitaria, corresponde a un mecanismo homeostático que tiene por función mantener la cohesión del grupo familiar, reforzando los roles de cada uno. El mito familiar funciona como un termostato o una válvula de seguridad que impide al sistema familiar deteriorarse y eventualmente destruirse. El mito tiene una importancia vital; se pone en funcionamiento cuando ciertas tensiones entre los miembros de la familia alcanzan un nivel susceptible de hacer estallar las relaciones establecidas.
  • El mito expresa y mantiene una pseudo-realidad  que modela a los niños que nacen en el hogar, incluyendo el entorno extra familiar, constituyendo así una separación patológica entre el grupo familiar y la realidad.
  • Desde el articulo princeps de A-J Ferreira (A-Ferreira, 1963), la cuestión del mito familiar ha sido abundantemente explorada por las escuelas sistémicas, en particular por P. Watzlawick y el grupo de Palo Alto (1967), M. Selvini-Palazzoli y el grupo de Milán (1975), P. Caillé y el equipo de Oslo (1979), Y. Rey (1979), J. P. Martínez y el equipo de Grenoble (1979), insistiendo cada escuela sobre un aspecto original o aportando un elemento nuevo para la comprensión del mito. En una primera aproximación, con el fin de delimitar esta noción e identificar sus múltiples aspectos retomemos algunas definiciones e ilustraciones de estos autores.
  • Para P. Caillé (P. Caillé 1979), el mito familiar es “la interpretación común que los interesados dan a sus dificultades”. Cita como ejemplo: una “hermana enferma” que se define a sí misma como tal y exige que la fratria y los padres definan sus roles respectivos en función de este sub-grupo “hermana enferma” que ella crea.
  • M. Selvini (Selvini – Palazzoli, 1971) lo define como un “fenómeno sistémico, piedra angular del mantenimiento de la homeostasis del grupo que lo ha producido”, producto colectivo y no diádico “cuyo nacimiento, permanencia y reactivación tienen como meta el reforzamiento homeostático del grupo contra toda  demanda que podría hacerlo estallar”. Ejemplo: “Nosotros permanecemos como una familia modelo, como en el tiempo pasado Todos (el mundo) están juntos y se quieren mucho”, Otro ejemplo: el racismo en la familia. Para definir la esencia de un nuevo integrante en la familia todos los padres tiene necesidad de un rasgo particular que asegure un parecido con uno de ellos. A veces ese rasgo es suficiente para constituir un mito si el sistema lo necesita. La autora lo generaliza: “si  ustedes están convencidos que alguien es un “negro” y si esperan algunos tipos de comportamiento de su parte, usted le dará  una buena razón de conducirse así”. Simultáneamente sabiendo que usted lo toma como un “negro”, el esperará una cierta actitud de vuestra parte y usted le dará a su vez una buena razón para actuar así”.  
  • M. Selvini agrega,  a las características descriptas por Ferreira, una propiedad del mito familiar: se transmite de una generación a la siguiente, reforzándose, rigidificándose al punto de congelar al extremo las reglas familiares , creándose así un clima favorable a la eclosión psicótica, y justificando la afirmación de M. Bowen: “Hace falta por lo menos tres generaciones para hacer un esquizofrénico”
  • La escuela sistémica de Milán muestra la prescripción de un ritual terapéutico  como el aporte de un contra-mito que tiene por fin substituir tácitamente y de un modo analógico con las normas nuevas, las reglas familiares esclerosadas frecuentemente heredadas de generaciones precedentes.
  • Y. Rey (Y. Rey ,1979), en una síntesis pertinente y abierta de los puntos de vista de A.-J. Ferreira y de M. Selvini, acerca de las creencias y esperanzas que los miembros de la familia cultivan entre si, subraya la función económica innegable de los mitos familiares: “El hecho de que ellos son compartidos sin jamás ser discutidos por todos los miembros de un mismo grupo familiar. Ellos instauran una especie de área de descanso en el cual el acuerdo es automático y el conflicto excluido.” Ella hace notar la igualación y la complementariedad de las atribuciones de roles en el interior de una familia.
  • La atribución de un rol  implica un “contra-rol” que refuerza y completa al otro. Por ejemplo la etiqueta “enfermo mental” ubicada en un miembro, confiere automáticamente a los otros miembros la etiqueta complementaria de “sanos de espíritu” 
  • Y. Rey precisa finalmente que los mitos no son exclusivos de las familias patológicas: “Ellos existen en todos los grupos y conjuntos  y parecen incluso necesarios  para una relación fluida y armoniosa”. El mito “imagen interiorizada de la familia”, expresa la manera con la cual es visto por todos sus miembros y solo se vuelve patógeno en los grupos familiares “agobiados por su mitología” en los  cuales sus reglas se vuelven rígidas y arcaicas, reduciendo al extremo el margen de libertad individual y generando una incapacidad de adaptación a las situaciones nuevas y a los acontecimientos imprevistos, familias cuya  mitología es “la felicidad, la armonía perfecta”
  • A J. Ferreyra (en un texto no publicado, citado por la escuela de Palo Alto) insiste en describir la creación, el mantenimiento y la evolución de un mito familiar “de dimensión psicótica”. En un texto literario bien conocido, ¿Quien le teme a Virginia Wolf?  (P. Watzlawick y col, 1972) retoman largamente la dinámica de la pieza de Edward Albee desde una perspectiva de interacción pragmática: el mito – creado en su totalidad y cultivado por una pareja – de un hijo imaginario que en el punto culminante de la obra es declarado muerto, el marido destruye el mito del hijo vivo para reemplazarlo solamente por el mito del hijo muerto. El mito familiar se volvió más psicótico y también la relación entre los miembros de la pareja.
  • Notamos de entrada que los autores sistémicos que han identificado y utilizado en su terapia el mito familiar, lo describen como un mecanismo consciente, o en todo caso subliminal, en términos de pragmática de la comunicación, es decir buscando los efectos del mito; “¿para qué sirve, cuál es su función?”; y no su causalidad; “¿De dónde viene el mito?” El ritual terapéutico también apuntará  a generar otros efectos de comunicación, un juego relacional nuevo, sin que sea elucidado la causa del problema.
  • Sin embargo, esta posición de rigor metodológico (investigación de los efectos y no de las causas) se afirma en su axiomática y en el plano de una técnica interaccional depurada, estos autores en su reflexión clínica, no pueden abstenerse de buscar y descubrir el origen del mito. Mas allá de esta causalidad “rechazada”, demorada, implícita  en la noción de transmisión intergeneracional, ellos evocan un “mito original primitivo”. Además la noción de “imagen interiorizada de la familia” introduce la idea de una “caja negra” intrapsíquica individual o de una “caja negra” común intrafamiliar,  cajas cuyo contenido no seria solamente revelable sino también eficazmente utilizable.
  • Me parece que, de esta manera, el mito familiar es la vía indirecta por la cual la fantasía – base misma de la terapia familiar psicoanalítica – entra con fuerza en una concepción pragmática de la comunicación familiar, como un factor necesario para la comprensión del funcionamiento grupal. Volveré ulteriormente sobre la importancia del funcionamiento fantasmático, intra e inter-psíquico, para el tratamiento de las familias.

De esta manera notamos que la acepción del término “mito” tal como es descripto por los autores sistémicos bajo su aspecto manifiesto va desde un sentido derivado, secundario, “representación falsa a fuerza de ser simplista, pero generalmente admitida por todos los miembros de un grupo” (P. Foulquié, Dictionnaire de la languephilosophique); hacia una definición que la asimila a una producción imaginaria, fantasmática, cercana al delirio colectivo. Sin embargo en las descripciones clínicas que hacen estos autores, el sentido derivado que triunfa es generalmente a expensas del aspecto fantasmático.

Antes de diferenciar la riqueza potencial de la acción del mito familiar, en tanto que producto de la problemática fantasmática familiar inconsciente, me parece interesante situar la noción en relación con el delirio por una parte y la fantasía por la otra.

 

Mito y Delirio

De la descripción clínica sistémica corriente del  mito familiar se desprenden tres características:

  • Es una construcción imaginaria ilusoria que incluye una importante falsificación o interpretación de la “realidad”.
  • Es un mecanismo defensivo contra un peligro de estallido del grupo familiar, o para  escamotear una u otra realidad insoportable.
  • Se presenta como un secreto, un no dicho común, pensamiento compartido por todos los miembros del grupo familiar, cuyo carácter de falsedad no puede ser develado si se lo ha reconocido.

¡Mito y delirio participan en común de las dos primeras características:

El delirio es pensamiento desrealizado (déréelle), producto de lo imaginario, creación de un nuevo mundo, invención de una pseudo-realidad, reparación de un agujero de la vida infantil “donde la locura es empleada como una pieza que se pega ahí donde inicialmente se había producido una falla en la relación del yo con el mundo exterior”(S. Freud, 1924). El delirio viene a inscribirse en la psicosis, así como el mito en el grupo familiar, como una convicción que busca dar sentido a una relación con el mundo que ha perdido.

Como el mito en la familia, el delirio es un mecanismo defensivo  así como juiciosamente lo ha indicado Freud (S. Freud, 1924). El delirio no es el proceso psicótico en sí mismo, es una tentativa de curación, una defensa contra el reflujo de la libido objetal sobe el Yo frente a la angustia de la pérdida total de su relación con el mundo real. El psicótico crea una neo-relación con un neo-mundo inventado. La función del delirio es la de mantener una relación con el entorno.

En cuanto a su característica de secreto compartido, me parece a primera vista que es lo  específico del mito familiar; en relación con el delirio que es una producción individual o sea la creación psicótica original de un individuo singular. Es justamente este elemento de originalidad, de desviación en relación a las normas perceptibles del entorno, esta manera de aprehender la realidad de forma diferente de aquella de los otros miembros del grupo familiar que fenomenológicamente permite identificarlo como delirio, es decir salir de un eje común. La familia en efecto ¨denuncia¨ su ¨loco¨ (durante mucho tiempo, por otra parte, mantenido en secreto) como el que se desvía de las reglas familiares, el excéntrico, que se sale del centro, que se aleja del hogar por sus producciones anormales.

Sin embargo esta aproximación objetivante y reduccionista del delirio no podrá permitirnos hacer la diferencia entre el mito y el delirio; la práctica de la terapia familiar revela en qué medida el delirio de un miembro está en complementariedad, imbricado con la fantasmática de los otros miembros de la familia. El delirio es, frecuentemente, la expresión singular de una mitología grupal secreta e inconsciente. El psicótico se presenta como el ¨altavoz¨ (haut-parleur) (L. Kaufmann) de un no dicho familiar.

Además, más allá de los rasgos comunes que presentan el mito y el delirio en el encuadre familiar (producción del inconsciente familiar, participación común en una alteración de la realidad, rigidez de los temas), los elementos diferenciadores parecen ser: por una parte el grado de convicción y de adhesión del grupo familiar a la construcción fantasmática común, y fundamentalmente por la otra, a los aspectos de “revelación” del delirio que enuncia y que pone en evidencia aquello que estaba destinado a permanecer secreto.    

 

Mitos, Ritos y Fantasías

Con el fin de precisar la naturaleza del mito elaborado por la familia, intentemos situarlo previamente en relación con el mito social por una parte y con la fantasía individual por la otra.

 

El mito social     

El mito social (en el sentido primero del término, el sujeto de las mitologías clásicas) es un relato, popular o literario, en el cual los seres sobrehumanos ponen en escena  acciones  imaginarias a las cuales se trasladan acontecimientos históricos, reales o deseados, o en los cuales se “proyectan ciertos complejos individuales o ciertas estructuras subyacentes de las relaciones familiares” (Larousse). El mito social es la representación común (compartida por el conjunto de los miembros) que una sociedad provee de su pasado histórico, de las estructuras familiares subyacentes, así como las fantasías individuales compartidas. El mito es una transposición y una explicación de lo real, una mediación, en el plano de lo imaginario que permite acceder a una comprensión primaria del universo objetivo y del mundo interior. Veremos más adelante como los temas de los mitos sociales son una tentativa de simbolización de funciones familiares.

La historia de las religiones muestra que el mito está estrechamente asociado al Rito. La hipótesis de base de las mitologías actuales fue resumida por D. Anzieu en 1978 en la fórmula: “Un mito es la transcripción de un rito más antiguo (…) Es un texto elaborado a partir de un rito, y retocado con correcciones a lo largo de los siglos”

Para Anzieu “el rito, como el mito, el cuento y el sueño, provienen de fantasías fundamentales del ser humano” El mito contiene, expresa y simboliza la vida fantasmática profunda de un pueblo. “No existe una sociedad sin mitos o creencias, ni individuos sin fantasías (…) Las fantasías hacen eco al mito y el mito a la fantasía. El mito es una tentativa de la sociedad para mostrar a sus miembros que ella comprende e identifica sus fantasías” (D. Anzieu, 1974).

Notamos finalmente que el mito social es generalmente considerado como una “historia de los orígenes”. Para M. Eliade, el mito tiene una función de instauración;  instaura un tiempo fundador anterior al tiempo histórico “El mito enuncia siempre como que algo ha nacido“. Volvemos a encontrar ese carácter común a los mitos sociales y a los mitos familiares: ellos son la novela de la filiación.

 

La fantasía 

Mientras el mito aparece como una producción del imaginario colectivo, la fantasía, en el sentido psicoanalítico del término, es una producción individual que puede ser inconsciente, subliminal o consciente. El psicoanálisis se empeña en identificar la fantasía inconsciente subyacente a toda producción psíquica: sueño diurno, rememoración de sueños nocturnos, elaboración intelectual, lapsus, pasaje al acto, o la formación de síntomas. La regla de la asociación libre en la cura individual, en el psicoanálisis grupal, o en la terapia familiar psicoanalítica tiene por efecto revelar la fantasía inconsciente del individuo, del grupo o de la familia, por la verbalización de los contenidos mentales que atraviesan - en el hic e nunc (aquí y ahora) transferencial -  la capa consciente del aparato psíquico individual o grupal.

La fantasía inconsciente es la unión entre el instinto y el pensamiento; es la expresión de procesos mentales profundos, representante psíquico de los instintos de vida y de muerte. Las fantasías inconscientes que alcanzan la conciencia, en la vida psíquica natural o en la asociación libre del tratamiento psicoanalítico individual, son  emanaciones de esta fantasmática inconsciente. Por estas razones la fantasía – inconsciente o consciente – tiene un lugar central en el psicoanálisis. Es aquello que se manifiesta y asegura la continuidad de la vida psíquica; la pulsación misma del ser psíquico. La fantasía consciente bajo la forma de sueños, de relatos de sueños, de asociaciones que ellas suscitan, o bajo la forma elaborada, intelectualizada de construcciones intelectuales, es una tentativa de dominar y simbolizar las pulsiones brutas del inconsciente.

Considerando desde el punto de vista dinámico, la fantasía consciente es una puesta en escena de un deseo, generalmente un deseo infantil; es la satisfacción imaginaria de un deseo inconsciente. La fantasía inconsciente es siempre una formación de compromiso entre el deseo y la prohibición, una suerte de traducción revisada y corregida de la pulsión, traducción que se volvió relativamente conforme a las exigencias morales que emanan del interior (Superyó, o sea las prohibiciones parentales interiorizadas), y del exterior (contexto familiar manifiesto) de deseos profundos y fantasías inconscientes.

Desde el punto de vista económico las fantasías son la manifestación más natural de nuestro aparato de pensar: escenarios-proyectos, preparatorios de la acción; ellas son  también el marco del conflicto – inherente a toda vida psíquica en todo momento  – comparables a un excedente no consumible que se escapa por una válvula de seguridad fantasmática.

Notemos el carácter de verosimilitud, de coherencia con la vida psíquica individual global, y de conformidad a la vida del grupo de la mayor parte de las fantasías individuales que alcanzan lo consciente, como consecuencia de un trabajo interno de secundarización, de puesta en forma aceptable para el Yo y para el grupo (el entorno). Esta secundarización tiene por efecto, también, de volver lógicos los fenómenos brutos del inconsciente que, como tales, aparecerían extraños al psiquismo por lo alejados que son del Yo socializado. Poniéndose en armonía – moral y lógicamente – con el entorno y en primer lugar con el grupo familiar, consiguiendo ser considerados como tentativas de explicación y de solución de conflictos familiares. Son representaciones elaboradas a partir de deseos y frustraciones, actuales o pasadas, experimentadas en el marco familiar.

Es así, que debido a estos elementos defensivos (conformidad a las normas lógicas y morales del grupo), la fantasía individual consciente corresponde a esta exigencia del mito familiar de ser, no solamente compartible, sino también parte misma de la fantasmática familiar, de la racionalización común a todos los miembros del grupo familiar para edificar un mito común, suma de las fantasías singulares, deformadas ellas mismas por la censura familiar consciente o inconsciente. De esta forma se crea una realidad psíquica familiar muy alejada, frecuentemente, de la realidad familiar tal como es percibida por un observador externo.

Según mi punto de vista, se constituiría el mito familiar con esos aspectos de consenso y de creencias grupales, de convicciones compartidas, habiéndose moldeado inconscientemente cada psiquismo sobre un modelo familiar. La familia genera las condiciones para que los mitos familiares emerjan sobre la base - o a expensas - de los psiquismos individuales.

Es. según esta dinámica que se constituye aquello que he denominado un “espíritu de familia”, producción del aparato psíquico grupal familiar en las familias neuróticas o normales donde se elabora una “imagen interiorizada común” del grupo, con mitos claros, fluidos, flexibles que tienen como función trasponer, simbolizar la realidad, sin disfrazarla profundamente. Según esta misma dinámica fantasmática, se elabora igualmente, esta suerte de “camisa de fuerza psíquica familiar” en las familias psicóticas en las cuales el mito no es más que un mecanismo defensivo, un rito mental rígido que ha perdido sentido y que se impone al grupo familiar a expensas de la fantasía individual y a expensas de la autonomía de los aparatos psíquicos singulares.

 

El mito familiar y el mito grupal (pequeños grupos)

De esta forma entre el mito social (societal) – representación colectiva al nivel de los grandes grupos institucionalizados – y la fantasía individual – manifestación de la actividad psíquica singular – viene a insertarse el mito familiar elaborado por la célula familiar (nuclear y ampliada). El mito generado por el grupo familiar parece ser, el prototipo, la matriz del mito grupal, producción fantasmática estructurante observada en la evolución de los pequeños grupos de formación o terapéuticos. R. Kaës (1976) define El aparato psíquico grupal como “una ficción eficaz y transicional, aquella de un grupopsíquico apuntalado sobre un grupo mítico que busca actualizarse en la construcción real de un grupo concreto”. El autor ha identificado  en las fases de este proceso estructurante de los pequeños grupos una posición que denominó “mitopoiética”, posición especifica por el hecho de que los aparatos psíquicos individuales se fusionan en una producción fantasmática grupal común, expresión del aparato psíquico grupal, que tienen por función traducir y simbolizar la comunidad psíquica trans-individual, la participación del inconsciente de las fantasías originarias en común. Todo grupo de formación o terapéutico vive y se desarrolla a través de la producción de fantasías grupales y de los mitos. El mito es al grupo como la fantasía es al individuo.

 

Familia y función mitopoiética

Por obra de los avatares identificatorios en la génesis de la psiquis, toda relación humana tendrá por trama de fondo un mito: una representación-proyección del imaginario individual y familiar, una tentativa de explicación, de interpretación y de simbolización de lo real bajo la forma de producciones fantasmáticas.

 

El individuo

Sobre la base del código genético, el yo psíquico se constituye por identificaciones sucesivas. La auto-percepción progresiva, la unificación yo psíquico-yo corporal, el reconocimiento de su propia imagen psíquica y corporal se realiza a través de un proceso a la vez de aceptación de lo real – de sí mismo y del otro – y de alienación por el otro, por la mirada del otro, por la imagen del otro “Yo es un otro”. Yo es un mito.

 

La relación

Por el hecho de esta alienación del origen, toda relación del Yo con el otro será, en su fundamento, marcado por una ilusión. El otro es siempre por una parte este “otro yo”, este yo mítico, ilusorio, proyección-creación de la “libido narcisista extra-yo”, notablemente conceptualizada por M. de M’Uzan (M’Uzan, 1974): “Entre los dos órdenes yo-no yo, no hay fronteras netas, sino una suerte de espacio transicional. Yo es repartido a lo largo de un espectro, el espectro de la identidad, que va del sujeto hasta el objeto mismo”

Esta ilusión – colusión de la yoidad (egoité) y de la alteridad –  brinda, generalmente el sentimiento de familiaridad en el encuentro humano. Es este mito, esta ilusión identificatoria que hace falta en la esquizofrenia, esta carencia se manifiesta por un “hiperrealismo” (P-C. Racamier), engendrando el “sentimiento de no-humano” (H. Searles).

 

La relación amorosa

Si toda relación se establece inexorablemente bajo el signo de la ilusión, es que ella reproduce el prototipo de la relación amorosa: la vivencia primitiva, fusional, simbiótica con la madre. De esta manera no estaremos sorprendidos que la pareja sea un lugar privilegiado para la creación del mito de la ilusión compartida. Todos los aspectos secundarizados del amor más altruista, más racional, recubren mal la parte obsesiva alienada y alienante que está en la base de toda relación de amor sexual fundada en el deseo. Freud subrayó desde 1905 la función de la idealización, propia del deseo amoroso como el mecanismo normal de sobreestimación del objeto sexual, que en sus extremos conduce a la perversión fetichista. “Un cierto grado de fetichismo se encuentra regularmente en el amor normal” (S. Freud, 1905, Tres ensayos sobre la Teoría Sexual) Esta idealización – investidura del ser amado en su totalidad, con todas sus características físicas y psíquicas – es portadora de ilusión, del mito de la pareja perfecta, perfectamente unida.

El “mito de la pareja” amerita un estudio profundo que no puede ser realizado en este trabajo. Los trabajos más esclarecedores sobre este tema me parecen ser aquellos de J- G Lemaire, (1979), en particular en su obra La pareja humana: su vida, su muerte, su estructura. (1981)

 

El grupo familiar

La pareja, fruto del deseo reciproco, en sus dimensiones física y psíquica, lugar de una idealización mutua, es creadora de la más pequeña unidad mítica, podríamos decir, en el sentido que ella es una fantasía dual, compartida por los dos. La unión hombre-mujer, con todos sus correlatos fantasmáticos, no es solamente la fuente de la creación de nuevos seres humanos, el fundamento del hogar material, sino también el origen de un hogar fantasmático donde se elaboran los mitos familiares. La familia humana me parece ser el espacio donde se focaliza la “fomentación fantasmática”.

Todo grupo familiar, más allá de su historia real, acontecimental, está dotada de un poder de ilusión, de una función mito-poiética: la familia engendra naturalmente los mitos.

Los vinculos ilusorios tejidos por la pareja amorosa se debilitarían rápidamente en el marco de la díada pura. Ellos encuentran su destino natural en la creación de un tercero, de un testigo, portador-heredero de la ilusión parental, que viene a alimentar con una sangre nueva, con un sentido nuevo, el mito dual: el niño real, o potencial, o imaginario o simbólico, eventualmente sublimado. La estructura familiar por la conjunción que ella realiza de la triple ilusión conyugal, parental e infantil; crea las condiciones ideales de nacimiento y desarrollo del mito en el sentido original del término, redefinido por N. Nicolaidis (N. Nicolaidis, 1979) como: “Representación (o relato) simbólico de un grupo social que opera una selección de los acontecimientos de una historia, selección conforme a los ideales del Yo (moi) y a la homeostasis afectiva de una sociedad”. El autor precisa que “esta figuración simbólica no es más que una selección de imágenes que han provocado un impacto afectivo, una resonancia particular en el pueblo que los ha elegido, conservado y construido por una puesta en escena mitológica”.

 

Toda familia tiene sus mitos y sus ritos

La observación más elemental revela que la vida cotidiana de toda familia está constituida por un conjunto de hábitos mentales, verbales y comportamientos comunes a todos sus miembros y que a menudo son objeto de transmisión de una generación a la otra. Se trata de una tradición consciente de imágenes, pensamientos, conductas verbales y prácticas que constituyen los mitos y los ritos manifiestos de cada familia.

Al nivel de las representaciones toda familia alimenta una imagen grupal, idealizada o desvalorizada, de su pasado, de sus orígenes conocidos o perdidos en el tiempo; una genealogía, aunque limitada una historia “arreglada”, “mítica”, embellecida o deslucida de sus raíces, que pone  en evidencia en primer lugar un ancestro, tío, tía, que es singularizado por una conducta particularmente heroica, altruista, o a la inversa por una vida en decadencia (la oveja negra familiar). Otro ascendiente es especialmente brillante  en tal o cual área, o un portador de una tara física o mental considerada como hereditaria.

Un lugar especial en ésta leyenda familiar es a menudo ocupado por un ancestro desaparecido “de él no se comenta y nunca lo volvimos a ver”.  Esta genealogía, por su carácter a menudo indicativo, lacunar y ejemplar es recibida como un secreto compartido  que se mantiene en la oscuridad y utiliza a la fantasía para cubrir estas lagunas. La noción de pertenencia común se injertará,a menudo, sobre esta historia familiar bajo la forma del reconocimiento de parecidos físicos y morales, de una religión común, de ideales morales compartidos, de representaciones y gustos culturales semejantes. Los objetos conservados (decoraciones) y los lugares (patrimonio) serán las representaciones concretas de este pasado fantaseado común.

A nivel de las prácticas todo grupo familiar es el lugar de una “creación” - a menudo heredada – de ritos que conciernen a la vida cotidiana o a los grandes acontecimientos que la jalonan, conjunto de hábitos que parecen naturales para cada miembro del grupo.

  • ritos de levantarse, acostarse, alimentación, lavado, conductas excrementicias, marcación del territorio y de organización del esparcimiento.
  • ritos que conciernen a las demostraciones afectivas (abrazos por cualquier motivo, o no se abrazan jamás en esta familia  o solo se abraza a los niños y las mujeres en otros casos).
  • ritos de las celebraciones, conmemoraciones (fiestas, aniversarios).
  • ritos que conciernen al culto dado a los desaparecidos
  • reglas, reconocidas por todos, modalidades de enfrentamientos verbales o físicos en el interior de la familia.

A nivel del lenguaje cada familia tiene su vocabulario particular, hábitos del lenguaje respectados por el conjunto: maneras de utilizar los nombres y los diminutivos, maneras de designar los órganos sexuales masculinos y femeninos, modos de expresión de diferentes necesidades físicas, lista de palabras agresivas consideradas como admitidas, groseras o inadmisibles, etc.

La escucha analítica del grupo familiar revela que estos mitos y estos ritos son sostenidos por una fantasía familiar inconsciente común. Ellos son la expresión del aparato psíquico familiar, expresión de su dinámica creadora pero también de su tendencia a la estabilización y a veces de su estancamiento, de su esclerosis.

Los mitos denunciados por los autores sistémicos son elaboraciones psíquicas comunes de naturaleza esencialmente defensiva: paralizantes, desprovistos de toda dinámica estructurante, fuertemente investidos, rígidos, no evolucionados. Tienen por función mantener bloqueados la circulación de ciertas fantasías y traducen la historia bruta del grupo en términos de una estricta causalidad por no haber podido”generar mitos” (mythiser) o fantasear.

Solo citaré algún leitmotiv escuchados en familias de psicóticos y de anoréxicos a titulo de ejemplos típicos: “Siempre hemos tenido un enfermo mental en cada generación”. “Era un niño no deseado, que no podía…” “El heredó de su tío esquizofrénico”. “Hubo suicidios en nuestros ascendientes”. “Solo podemos salvarnos si estamos bien unidos”. “Nuestra familia nunca ha tenido problemas hasta la eclosión del delirio de este niño”, “Todos tenemos el gusto del esfuerzo, del riesgo aunque exista el peligro de morir”. “Desde el padre hasta el hijo todos nos meamos en la cama”.

La terapia familiar psicoanalítica tal como la he descripto (A. Ruffiot, 1979 y 1980ª) con su protocolo analítico riguroso (asociación libre, abstinencia, presencia de al menos dos generaciones en cada sesión) después de diez años ha permitido, más allá del tratamiento eficaz de las familias (con sintomatología psicótica, anoréxica, psicosomática y neurótica), observar el aparato psíquico grupal familiar con su asociación libre y el desarrollo del proceso terapéutico. Esta técnica, por la regresión grupal que ella pone en marcha con un nivel de funcionamiento psíquico arcaico, nos traslada al lugar mismo de la producción de las fantasías, donde se elaboran estos mitos patógenos; lugar de la tópica grupal donde los inconscientes se fusionan, remitiendo a un estado anterior a la individuación de los aparatos psíquicos singulares.

Para esquematizar en el marco de esta presentación diría que:

  • las familias neuróticas patológicas (es decir, que sufren su patología) manifiestan una carencia relativa de simbolización de las fantasías originarias
  • las familias psicóticas presentan una ausencia de simbolización de estas mismas fantasías.

 

Mito y psicosis

Es en el dominio de la psicosis (psicosis cálida, en particular la esquizofrenia – y psicosis frías tales como la anorexia) la dinámica familiar inconsciente es muy rica en enseñanzas, en el sentido de que el aparato psíquico grupal familiar psicótico es deficiente en su función mitopoiética, se volvió un aparato bloqueado, que no asegura más su rol de espacio transicional, de área de circulación y de simbolización de las fantasías originarias. Los mitos familiares patógenos conscientes son pseudo mitos, que han perdido su característica estructurante, son mitos desvitalizados, esclerosados, vaciados de fantasías, ritos analógicos, podríamos decir cercanos a fórmulas conjuratorias. Son el grito de desesperación, apenas intelectualizado, de estas familias ante el sentimiento que ellas experimentan de una vida fantasmática atrofiada. El síntoma actuado del paciente designado es el testimonio de esta carencia fantasmática grupal.

Las características evidentes del mito familiar consciente observado por los sistémicos, en particular en las familias de psicóticos, están situadas en los dos extremos de un eje fantasmatico y me parecen ser las siguientes:

  • Por una parte, el mito se presenta como una explicación causal, lineal, operatoria, pragmática, del síntoma de uno de sus miembros y del disfuncionamiento familial en general.
  • Por otra parte, el mito de manera consciente, expresa la creencia compartida de un funcionamiento familiar ideal perfecto.

Ahora bien ocurre que estas dos características corresponden rasgo por rasgo a los elementos constitutivos del mito inconsciente subyacente, es decir las elaboraciones defensivas opuestas inconscientemente por el grupo familiar ante la asfixia fantasmática que caracteriza su funcionamiento.

Lo que observamos regularmente en la asociación libre de las familias de psicóticos, al comienzo de los tratamientos familiares psicoanalíticos, es un funcionamiento específico con dos características.

 

Primera característica

Al nivel manifiesto consciente la comunicación intrafamiliar es esencialmente “operatoria” corresponde al tipo de “pensamiento operatorio”, engendrando una “relación blanca” descripta por P. Marty y M. de M’Uzan en 1962 para caracterizar el pensamiento de los individuos de estructura psicosomática: “toda asociación está ligada a la materialidad más estrecha de los hechos, en un campo temporal muy limitado”.

Describí los sentimientos de los terapeutas familiares ante estas familias sin proyecto, sin fantasías de futuro; sentimientos de cierre de balance, de liquidación de los asuntos cotidianos. El pasado familiar es utilizado de una manera pragmática, seca, sin eco afectivo. Es un relato pegado a la materialidad de los hechos para explicar de una manera lineal y fría la eclosión de las perturbaciones del paciente designado. Es un pensamiento adherido a la realidad.

La familia psicótica se engancha a una historia real y reificada, por no haber podido inventar una novela grupal, un verdadero mito familiar evolutivo y estructurante.

La conceptualización del mito como estructura por oposición a la historia coyuntural de N. Nicolaidis (N Nicolaidis, 1979) que se inspira en J. Rudhardt, aclara mis propuestas. Según este autor, la historia está basada en la coyuntura, la coincidencia de circunstancias materiales, ella testimonia una continuidad de acontecimental en correlación con una discontinuidad fantasmática. Por el contrario el mito es en su esencia una estructura, el relato de una discontinuidad acontecimental que expresa la continuidad del deseo; es una historia del deseo que traduce una continuidad fantasmática. “El mito (historia del deseo) se propone como una formación del inconsciente – como una estructura – teniendo un valor libidinal y energético para el pueblo como la fantasía, el sueño o el delirio es para el sujeto”

Aquello que los sistémicos denuncian como un mito familiar es del orden de la historia, está hecho de jirones de la historia real, acontecimental, cruda, a la cual se aferra el grupo familiar por no haber podido constituir un mito, es decir una historiafantasmática fundada sobre el deseo, por no haber podido simbolizar, a través de la circulación de los deseos, los acontecimientos brutos de la vida familiar. Este tipo de comunicación propio de las familias psicóticas es la expresión de un Superyó precoz muy arcaico que bloquea la fantasmática familiar. Esta forma de intercambio intrafamiliar me parece corresponder a la fase identificada por René Kaës (1976) en la evolución de los grupos que él denominó “la posición ideológica”.

 

Segunda característica del funcionamiento familiar psicótico

El segundo elemento constitutivo del “mito familiar” sistémico (familia ideal), me parece que está en relación con una instancia igualmente arcaica, el Yo ideal, “posición mítica del yo, comprometida en el ideal infantil de un poder total (tout-puissance)  (P. Fédida). La escucha analítica pone en evidencia una imagen idealizada inconsciente de la familia al comienzo de la cura de las familias psicóticas. Bajo el aspecto manifiesto de una comunicación consciente hecha de causalidad histórica lineal, se percibe un funcionamiento del aparato psíquico familiar fundado sobre un verdadero mito inconsciente o preconsciente, el mito del grupo fusional perfecto que corresponde al fenómeno descripto por D. Anzieu (1975) como la “ilusión grupal” en la evolución de los pequeños grupos.

Vemos en el marco de las familias psicóticas, una representación inconsciente de un grupo familiar perfecto, sin tensión, sin conflicto, donde los psiquismos individuales están indiferenciados. Esta representación idílica solo se obtiene al precio de la denegación de las diferencias de los sexos y de la diferencia de las generaciones, bajo el signo de una ausencia de ley sexual, del poder sexual, cada uno padre o niño pueden ocupar la función del otro; la familia es un grupo de hermanos y hermanas asexuados, marcados por una ausencia de imágenes estructurantes, tanto maternal como paternal

El delirio, esta creación individual, y en particular el delirio de filiación subyacen en toda manifestación esquizofrénica – en su dimensión de auto-engendramiento – aparece como una tentativa para introducir en la historia, fría, lógica de la familia psicótica una dimensión mítica, fantasmática, que le hace falta.

 

Mito y proceso analítico

He descrito (A. Ruffiot, 1979) el proceso terapéutico que aparece en la terapia familiar analítica y que por una parte produce la transformación estructural del paciente designado – su pasaje a un estado post-psicótico – y la mutación económica del funcionamiento psíquico del grupo familiar en su conjunto. Este proceso, regularmente observado por la asociación libre del grupo familiar, se manifiesta en el plano de la dinámica fantasmática familiar por los siguientes fenómenos: el discurso familiar manifiesto pierde su carácter operatorio, pragmático, manipulador, y desarrolla una fantasmática hasta ese momento bloqueada en los mecanismos mortíferos de la negación de las diferencias (ilusión grupal). Aparece entonces de entrada el onirismo familiar, las imagos parentales, netamente diferenciadas, portadoras de la ley y del deseo. Estas imagos parentales – hasta entonces excluidas – son las que permiten la puesta en circulación en el aparato psíquico grupal de las fantasías originarias (seducción, castración, escena primitiva).

Es, a través  de este proceso basado en la reiniciación de una vida fantasmática inconsciente, que asistimos al pasaje del grupo familiar, del estado de indiferenciación psíquica grupal en el cual ellos estaban, hacia el estado de individuación y de la autonomía progresiva de sus miembros.

 

Fantasías originarias y mito

¿De dónde las fantasías originarias tienen ese poder estructurante sobre el psiquismo; poder organizador del aparato psíquico familiar y de la diferenciación de los aparatos psíquicos individuales? Las fantasías originarias son el fundamento de toda psiquis humana, individual o grupal. En tanto que fantasías acerca de los orígenes, ellas corresponden al enigma que se plantea todo individuo o todo grupo humano acerca de su existencia (D. Anzieu, 1978, obra citada). Además como lo han mostrado J. Laplanche y J-B. Pontalis (1967), ellas son el origen de toda vida fantasmática, elementos fundadores de la psique.

La psiquis humana está hecha de tal manera que no puede aprehender, afrontar lo real y establecer relaciones subjetivas solamente a través de estas “efracciones analógicas” (D. Anzieu, obra citada) que son la fantasía y el mito. Lo real objetivo y la relación verdadera no existen para la psique, solo aprehende el mundo y el otro por intermedio de lo imaginario.

El mito edípico – la fantasmática edípica – es la que viene a dar forma y sentido a la “relación con el mundo” del neurótico normal. La “novela familiar del neurótico” descripta por S. Freud en 1909, consiste en sueños diurnos en los cuales opera la sustitución de los padres reales por genitores más eminentes, traducido por el niño “la nostalgia de los tiempos felices del pasado donde su padre le parecía como el más distinguido y el más fuerte y su madre como la mujer más querida y la más bella”. Esta elaboración mítica de los orígenes expresa el acceso del neurótico al Complejo de Edipo, la constitución de una “neurosis infantil” en el sentido que S. Lebovici (1979) le ha dado a la “neurosis del desarrollo”, traducción de la sexualidad infantil reorganizada por las posiciones fálicas que constituyen una elaboración, un “modo de curación de la psicosis infantil normal”.

En cuanto al psicótico no pudo estructurar una neurosis infantil; no ha podido acceder a la mitología edípica de la ley y del deseo. Lo que observamos en las curas familiares analíticas, es que el grupo familiar (con sintomatología psicótica) en conjunto no se organiza según el mito, ni se sustenta por esta fantasmática. El mito edípico no ha tomado sentido. En su lugar aparece el rito, rituales desvitalizados, “actuados”, que no portan un sentido, con comportamientos sin dimensión simbólica.

Aquello que la cura analítica familiar instaura progresivamente en estos grupos familiares, es el acceso al sentido, la abertura a lo Simbólico por la recirculación en el interior del aparato psíquico familiar de las fantasías originarias.

 

El acceso a lo Simbólico

El grupo psicótico indiferenciado niega la diferencia de los sexos y de las generaciones, negando la diferencia entre las funciones parentales e infantiles, utilizando con este fin mecanismos agotadores energéticamente de híper-realización – percepción cruda de la historia acontecimental de la familia – se abrirá poco a poco a una vía fantasmática que dará sentido a aquello que solamente era un rito. La familia retoma entonces su función mitopoiética que es una de sus funciones naturales.  

A partir del mito grupal fusional  – mito bloqueado – negando las individualidades singulares, la familia desarrollará, sobre todo a través de la puesta en común de las producciones oníricas una dinámica fantasmática basada en las fantasías originarias que permitirá el acceso a la verdadera Simbolización.

Entiendo por Simbólico aquello que P. Aulagnier (1975)  identifica como la “función simbólica” cuya característica es “el hecho de crear una configuración relacional simbólica que engendra una formalización de lo real” (Aulagnier P., 1975, pág.178). El orden simbólico designa “la ley de la relación presente entre los elementos” (Aulagnier P, 1975, pág.178), aquello que el lenguaje denota por “el término del parentesco que dicta y engendra la ley relacional presente entre la totalidad de los términos del sistema”, y “por la nominación que define el lugar y la función del sujeto en su red familiar” (Aulagnier P, 1975, pág.178). El psicótico, escribe P. Aulagnier, se mantiene capaz de hablar, de utilizar correctamente el símbolo matemático, aunque es incapaz de saber a que remite el concepto de función paternal, maternal o ancestral, “Aunque el psicótico sabe que existen padres, no puede concebir la función de la clase y  el concepto de paternidad” Correlativamente  el psicótico no puede afirmarse en una función filial; no puede considerar “a la estructura del parentesco como una ley a la que están sometidos el conjunto de los sujetos” (Aulagnier P, 1975, pág.179).

En nuestras terapias aparece en el grupo familiar (en su totalidad) que la función simbólica está ausente, está bloqueado (barré)  el acceso al orden simbólico, porque están excluidas (forclos)  las fantasías fundadoras originarias.

El proceso analítico familiar nos pone en presencia de esta exclusión. El discurso manifiesto de la familia tiene una tendencia al comienzo a reconstituir una historia real, acontecimental en una cruda causalidad lineal. Rápidamente los sueños parentales, van sobre todo a hacer de ese relato histórico un relato mítico; el aparato psíquico familiar va a transformarse en un espacio de fomentación fantasmática, gracias a la puesta en circulación dentro de la familia de las fantasías de los orígenes, un lugar donde se retomarán los mitos fundadores que van a permitir el acceso a la simbolización y a la individuación. La familia se revela entonces como el molde de la mitología de los orígenes: origen de la vida, origen del placer, origen del deseo, origen de la ley.

Lo que me parece objeto de una forclusión fundamental en las familias psicóticas es la fantasía de la escena primitiva. No es el recuerdo de una experiencia histórica concreta, eventualmente traumática, sino la elaboración de una escena mítica inscripta en el inconsciente individual y en el inconsciente colectivo, y que es llamado a simbolizarse en las relaciones familiares, en el reconocimiento - la diferenciación -  de las funciones parentales e infantiles, y de los roles fantasmáticos masculinos y femeninos.

La escena primitiva elaborada, “procesada míticamente” (mythisée) por el grupo familiar  - en el aparato psíquico familiar –, puede ahora ser fantaseada por los psiquismos individuales que adquieren en la misma ocasión el esquema fundador de su singularidad, cada individuo se sitúa como portador de una función simbólica (padre, madre o niño; masculino o femenino) en el marco de esta escena mítica. La escena primitiva es según S. Viderman (S. Viderman, 1977), “una realidad psíquica del orden del mito… la forma fundamental en la cual se inscriben los deseos y temores originarios del sujeto, la más pequeña unidad de significación psíquica  (…) fantasía fundamental que incluye las otras dos – seducción y castración –, esquema organizador de la psiquis que dará sentido, por la continuidad del deseo que expresa, al tiempo discontinuo, lacunar de la existencia histórica del sujeto”. 


La función mitopoiética de la familia: Mito, fantasma, delirio y su génesis
André Ruffiot (1980), Fonction mythopoïétique de la Famille, Mythe, fantasme, délire et leur genèse, Dialogue, 70, 3-19, Paris. Agradecemos a la revista Dialogue por autorizarnos a la publicación de este articulo.

André Ruffiot
Profesor emérito de la Universidad de Grenoble

Traducción del francés por Ezequiel Alberto Jaroslavsky

 


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Resumen

La función mitopoiética de la familia

Mito, fantasma, delirio y su génesis   

Luego de explicar el concepto de mito como fue definido por los terapeutas sistémicos, que incluye un punto de vista económico para garantizar la homeostasis, el autor busca definir su origen y características como una perspectiva psicoanalítica grupal y familiar.

De su relación con la fantasía individual consciente, el mito de la familia aparece como un intento de simbolizar las pulsiones, el establecimiento de una representación compartida del enigma de los orígenes y ascendencia. La pareja y la familia son consideradas como espacios privilegiados para el desarrollo de estas producciones de la fantasía de estructuración. El autor no solo explora el potencial creativo de estas co-construcciones, sino que también identifica deficiencias, especialmente en las familias de psicóticos. A través de las regresiones inducidas por ella y la interfantasmatización que se desarrolla, la terapia familiar psicoanalítica se ofrece como un espacio adecuado para comprender mejor el origen de los mitos de la familia.

 


Palabras Claves

Mito familiar – Función mitopoiética – Familias psicóticas – Proceso

 


Résumé

Fonction mythopoïétique de la famille

Mythe, fantasme, délire et leur genèse

Apres avoir exposé le concept de mythe tel qu’il a été défini par les systémiciens, notamment d’un point de vue économique garantissant l’homéostasie, l’auteur s’attache à en préciser l’origine et les caractéristiques dans une perspective psychanalytique groupale et familiale.  De par sa parenté avec le fantasme individuel conscient, le mythe familial apparait comme une tentative de symbolisation des pulsions, une mise en représentation partagée de l’énigme des origines et de la filiation. Le couple et la famille sont considères comme des espaces privilégies pour l’élaboration de ces productions fantasmatiques structurantes. L’auteur explore les potentialités créatrices de ces co-constructions ; il en relève également les carences, plus particulièrement dans les familles psychotiques. Par les régressions qu’elle induit et l’interfantasmatisation qui s’y développe, la thérapie familiale psychanalytique s’offre comme un espace approprié permettant de mieux saisir l’origine des mythes familiaux.

 


Mots Clés

Mythe familial – fonction mythopoïétique – familles psychotiques – processus

 


Summary

Mythopoietic, functions of the family

Myth, fantasy, delusion and their genesis

After explaining the concept of myth as defined by systemic therapists, including an economic point of view to ensure homeostasis, the author seeks to define its origin and characteristics according to a psychoanalytic group and family perspective. Close relative to the individual conscious fantasy, the family myth seems an attempt to symbolize the drives, setting a shared representation of the enigma of the origins and filiation. The couple and the family are considered privileged spaces for the development of these structuring fantasy productions. The author explores the creative potential of these co-constructions, and also identifies deficiencies, particularly in psychotic families. Inducing regression as well as inter-fantasying, the psychoanalitic family therapy offers an appropriate space to better understand die origin of family myths

 


Key words

Familial myth – Mythopoietic function – Psychotic families – Process